GUERRA Y PAZ EN EL MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO

ÍNDICE.

I. El terrorismo, un camino sin salida.

II. El viaje del sumo Pontífice y una oración por la paz.

III. El camino hacia la pacificación.

IV. La mediación en el Derecho Internacional.

V. Una mirada esperanzada frente al conflicto.

Notas y Bibliografía.

El conflicto en Oriente Medio y el rol del Sumo Pontífice como constructor de la paz. Reflexiones de un hecho histórico que propicia un doble enfoque, desde la religión y el Derecho Internacional.

José Luis López Cerviño

I. El terrorismo, un camino sin salida.

_ “Hombre ¿dónde estás?”

_ “¿Quién eres, hombre?  Ya no te conozco”

_ “¿En qué te has convertido? ¿Cómo has sido capaz de este horror? ¿Qué te ha hecho caer tan bajo?”

_ “…  ¿Quién te ha corrompido? ¿Quién te ha desfigurado? …” “¿Quién te ha contagiado la presunción de apropiarte del bien y del mal? ¿Quién te ha convencido de que eres dios?”

_  “No sólo has torturado y asesinado a tus hermanos, sino que te los has ofrecido en sacrificio a ti mismo, porque te has erigido en dios.  … De la tierra se levanta un gemido: Ten piedad de nosotros, Señor. … Se nos ha venido encima un mal como jamás sucedió bajo el cielo (cf. Ba 2,2). Señor, escucha nuestra oración, escucha nuestra súplica, sálvanos por tu misericordia. Sálvanos de esta monstruosidad”. “Acuérdate de nosotros en tu misericordia. Danos la gracia de avergonzarnos de lo que, como hombres, hemos sido capaces de hacer, de avergonzarnos de esta máxima idolatría, de haber despreciado y destruido nuestra carne, esa carne que tú modelaste del barro, que tú vivificaste con tu aliento de vida. ¡Nunca más, Señor, nunca más!”

Con esta recreación imaginaria y adaptada, del diálogo que Dios Padre mantuvo en el Edén con Adán y Eva, ante la desobediencia de éstos , el Papa Francisco conmovía los corazones de los presentes en el Memorial de Yad Vashem, en Jerusalén, el último día de su reciente visita a Tierra Santa, expandiendo sus efectos hacia los millones de almas que pudieron seguirlo por televisión e internet.

Desde la fuerza estremecedora que la escena propuesta contiene para los creyentes, el Sumo Pontífice convocaba a reflexionar sobre el mal que entraña el terrorismo, tanto en su origen cuanto en sus resultados y en la necesidad de que los pueblos comprendan que su naturaleza es abominablemente criminal y que constituye un camino sin salida.

Si bien aquellas palabras fueron expresadas en el contexto del recordatorio de los seis millones de judíos víctimas de la Shoah, como uno de los episodios que mayor vergüenza ha representado para la humanidad toda, la súplica del “Nunca más Señor, nunca más” allí patentizada por el Papa argentino, enarbola la bandera de la paz ante cualquier situación de conflicto que se suscite entre los pueblos.

Jorge M. Bergoglio se va convirtiendo (si es que no lo ha hecho ya), en una figura de vital importancia, en la pretendida reanudación del proceso de negociación entre israelíes y palestinos. El rol que el Santo Padre empieza a ejercer, está siendo motivo de análisis desde diversas ópticas, dadas las múltiples aristas que el caso presenta.

Toca aquí abordar el tema, desde una doble visión: la religiosa, ciertamente preponderante; y en paralelo la que  ofrece el Derecho Internacional, para una mejor comprensión, ante la hipótesis que el obispo de Roma, pudiere asumir a futuro una participación más comprometida en el proceso de paz.

II. El viaje del sumo Pontífice y una oración por la paz.

El viaje que Su Santidad efectuara en el mes de mayo del año en curso, como peregrino a Tierra Santa y la reciente visita concretada por los líderes del Estado de Israel y de la Autoridad Nacional Palestina al Vaticano, en respuesta a la invitación cursada por Francisco, conforman la plataforma de lo que ha dado en considerarse por la prensa mundial como un “hecho histórico”. Y es que, el encuentro finalmente concretado el 08/06/14, en los jardines vaticanos; ha reabierto el camino del diálogo que se hallaba virtualmente interrumpido, viabilizado a partir de una circunstancia sin precedentes, como es que ambos presidentes hayan apreciado positivo compartir un momento de oración, desde la fe que cada uno profesa (aún ante la diversidad religiosa), elevándose por un instante, por sobre los antagonismos viscerales que la crisis ha cincelado entre sus pueblos a lo largo de varias décadas.       

Este encuentro propuesto por el Papa, no tuvo como fin iniciar negociaciones ni inmiscuirse en la problemática coyuntural del conflicto. El objetivo concreto fue reunirse, “para implorar a Dios, juntos, el don de la paz”, en el deseo que sea “un camino en busca de lo que une, para superar lo que divide”, cada uno desde su religión confesional, buscando la ayuda de Dios, sin renunciar a las responsabilidades que a cada uno compete, de cara a la conciencia y de frente a los pueblos que ellos representan; siendo llamados a romper la espiral del odio y la violencia; a doblegarla desde la hermandad y reconociéndose hijos de un solo Padre .

Se impone entonces, una mirada que excede lo meramente humano (y en ello, lo político) y que refleja una búsqueda de la paz, a instancias del Santo Padre, desde la fe, “redoblando los esfuerzos, las iniciativas y basada en la justicia” ; y a través de la fraternidad entre quienes profesan diferentes credos, como son las religiones monoteístas que más seguidores cuentan en el mundo (la cristiana, la judía y la musulmana).

Ello induce a resaltar el liderazgo que el Papa Francisco consolidó a nivel mundial, más allá que a la postre asuma formalmente o no (por sí o a través de un enviado especial) la figura de mediador, desde la perspectiva jurídico internacional, con atención a la autoridad moral que las partes en conflicto le reconocen.

La relevancia superlativa de la dimensión espiritual, que el devenir de los hechos ha revelado, comenzaba a prefigurarse a partir de tenues señales que paulatinamente se iban transformando en símbolos cada vez más visibles, tanto desde las diversas alocuciones, cuanto desde los gestos mostrados por el Santo Padre, en diferentes momentos de su periplo por Tierra Santa.

Estos signos (vgr. descalzarse en su visita al muftí de Jerusalén, antes de entrar en la Explanada de las Mezquitas y el Domo de la Roca, según la costumbre musulmana; o colocar un papel entre las milenarias piedras, en el Muro de los Lamentos, tal cual es la tradición judía y orar en silencio durante largos minutos; o depositar una ofrenda floral en la tumba de Theodor Herzl, quien es considerado el precursor del sionismo moderno), aparecen consagratorios de principios universalmente reconocidos, como el de la igualdad entre los hombres, más allá de cualquier diferencia de raza, sexo, religión, nacionalidad, etc. y el del respeto absoluto por la libertad religiosa, poniendo en sobre relieve que los tres credos comparten una raíz abrahámica común.

Surge nítida entonces la inobjetable vocación de las partes involucradas, de intentar retomar el diálogo de cara a un conflicto en extremo complejo y difícil de asir, que amén de la invalorable intervención de las Naciones Unidas o de los intentos infructuosos de los EE.UU. para encausar el mentado proceso de paz, ha sorprendido con un inesperado desenlace que abre las puertas hacia el entendimiento, la tolerancia y la convivencia serena, ordenada y pacífica, acogiendo las diferencias entre hermanos e hijos de un único Dios .

El Vicario de Cristo ha logrado reunir a ambos mandatarios, en un ámbito neutral y predisponerlos a un sincero reconocimiento, cual es la insuficiencia de los esfuerzos humanos para hallar una solución mutuamente aceptada a la crisis que los embarga y enfrenta, invitándolos a sentar las bases de la confianza mutua. Todo ello, en continua simbología, esta vez plantando un olivo por la paz.

Simbología que no descuidó otro importante mensaje, que tiene que ver con la participación en este trascendental Encuentro, del Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, en clara señal de continuidad hacia la unidad plena entre los cristianos de occidente y oriente.

Es necesario atender a las etapas cumplidas y apostillas que surgen del reciente viaje realizado por el Papa argentino a Tierra Santa, durante los días 24 al 26 de mayo, en ocasión de la conmemoración del 50º aniversario del encuentro que protagonizaran en Jerusalén, el Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras; y sus consecuencias, como el Encuentro por la Paz, llevado a cabo en el Vaticano, el 08 de junio, fecha coincidente con la celebración de Pentecostés, de significativa importancia para la cristiandad.

En esa dirección, el recorrido por la tierra que pisó Jesús, conformó una maratónica hoja de ruta que incluyó el encuentro con las autoridades del Reino de Jordania, en Amán; la celebración de la Santa Misa en el Estadio Internacional de esa ciudad; el encuentro con los refugiados y los jóvenes discapacitados en la iglesia latina de Betania ante el Jordán; lo propio con las Autoridades Palestinas en Belén; la celebración de la Santa Misa en la Plaza del Pesebre, la Oración del Regina Coeli y el saludo a los niños de los campos de refugiados de Dhiesheh, en la misma ciudad.

A su arribo al aeropuerto internacional Ben Gurion (Tel Aviv), le fue ofrecida una ceremonia de bienvenida, para luego asistir a la trascendente celebración ecuménica que se llevó a cabo en la Basílica del Santo Sepulcro. Más tarde se concretó el encuentro privado con Bartolomé I, en la Delegación Apostólica de Jerusalén, para luego emitir una declaración conjunta.

El último día de su peregrinación incluyó diversas visitas, como fueran al Gran Muftí de Jerusalén en el edificio del Gran Consejo en la Explanada de las Mezquitas, otra al Memorial de Yad Vashem, otra a los dos Grandes Rabinos de Israel en el Centro Heichal Shlomo, cerca de la Gran Sinagoga de Jerusalén y otra al Presidente del Estado de Israel en el Palacio Presidencial.

El periplo continuó con el encuentro con sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas en la iglesia de Getsemaní, para finalmente culminar la memorable visita, con la celebración de la Santa Misa con los Ordinarios de Tierra Santa y con el séquito papal en la Sala del Cenáculo de Jerusalén.

Trece días después de su regreso, se concretó el Encuentro de invocación de la Paz, en los jardines vaticanos. Durante la jornada de oración, el Papa Francisco estuvo sentado entre los presidentes palestino e israelí. En la ocasión, judíos, cristianos y musulmanes dieron las gracias por la Creación, pidieron perdón por los pecados y, sobre todo, invocaron la paz. Salmos, lecturas de la Biblia, una oración del rabino Nahman de Breslau, el "Mea Culpa" que pronunció en 2000 San Juan Pablo II, un escrito de San Francisco de Asís y textos inspirados en el Corán, junto con piezas musicales crearon una atmósfera íntima para esta ceremonia histórica .

III. El camino hacia la pacificación.

La búsqueda de la paz constituye el anhelo más preciado para estos pueblos. Su contracara, la crisis, ha sido condensada y claramente descripta por el propio Papa: “Desde hace decenios, Oriente Medio vive las dramáticas consecuencias de la duración de un conflicto que ha causado heridas difíciles de cerrar y que, incluso cuando afortunadamente no se desata la violencia, la incertidumbre de la situación y la incomprensión de las partes producen inseguridad, negación de derechos, aislamiento y éxodo de comunidades enteras, divisiones, carencias y sufrimientos de todo tipo” .

Desde el Derecho Internacional Contemporáneo, caracterizado por su contenido humanista, social y por la función de procurar el desarrollo integral de los individuos y pueblos, sin distinción alguna, la libre determinación y otros derechos , comienzan a plasmarse en diferentes instrumentos jurídicos internacionales. Su Santidad, en sintonía con estos avances y demostrando apego a la juridicidad internacional, abogó por el derecho de los Estados a existir y a su necesario reconocimiento por parte de la comunidad internacional, tanto en Palestina como en Israel, en los siguientes términos:

-           “Desde lo más profundo de mi corazón, y a la vez que manifiesto mi cercanía a cuantos sufren en mayor medida las consecuencias de este conflicto, deseo decir que, por el bien de todos, ya es hora de poner fin a esta situación, que se hace cada vez más inaceptable. Que se redoblen pues los esfuerzos y las iniciativas para crear las condiciones de una paz estable, basada en la justicia, en el reconocimiento de los derechos de cada uno y en la recíproca seguridad. Ha llegado el momento de que todos tengan la audacia de la generosidad y creatividad al servicio del bien, el valor de la paz, que se apoya en el reconocimiento, por parte de todos, del derecho de dos Estados a existir y a disfrutar de paz y seguridad dentro de unos confines reconocidos internacionalmente” ; 

-           “Que se redoblen, por tanto, los esfuerzos y las energías para alcanzar una resolución justa y duradera de los conflictos que han causado tantos sufrimientos. Junto a todos los hombres de buena voluntad, suplico a cuantos están investidos de responsabilidad que no dejen nada por intentar en la búsqueda de soluciones justas a las complejas dificultades, de modo que israelíes y palestinos puedan vivir en paz. Es necesario retomar siempre con audacia y sin cansarse  el camino del diálogo, de la reconciliación y de la paz. No hay otro camino. Así pues, renuevo el llamamiento que Benedicto XVI hizo en este lugar: que sea universalmente reconocido que el Estado de Israel tiene derecho a existir y a gozar de paz y seguridad dentro de unas fronteras internacionalmente reconocidas. Que se reconozca igualmente que el pueblo palestino tiene derecho a una patria soberana, a vivir con dignidad y a desplazarse libremente. Que la “solución de los dos Estados” se convierta en una realidad y no se quede en un sueño” .

La invitación cursada por Francisco a Shimon Peres y Mahmoud Abbas, para compartir un momento de oración, que ayudara a retomar el diálogo y los encamine hacia una paz duradera y segura, fue propuesta en iguales términos a ambos presidentes:

-           “Señor Presidente Mahmoud Abbas, en este lugar donde nació el Príncipe de la paz, deseo invitarle a usted y al Señor Presidente Shimon Peres, a que elevemos juntos una intensa oración pidiendo a Dios el don de la paz. Ofrezco la posibilidad de acoger este encuentro de oración en mi casa, en el Vaticano. ...” .

-           “Señor Presidente [Shimon Peres], deseo invitarle a usted y al Señor Presidente Mahmud Abbas, a que elevemos juntos una intensa oración pidiendo a Dios el don de la paz. Ofrezco la posibilidad de acoger este encuentro de oración en mi casa, en el Vaticano. …” .

IV. La mediación en el Derecho Internacional.

No obstante ello, una eventual mediación papal se enmarcaría dentro de lo que en Derecho Internacional se denomina “medios no jurisdiccionales de solución de controversias”, considerados además, como alternativos o informales.

La Convención de La Haya de 1907, celebrada en el marco de la Conferencia de la Paz, constituye un antecedente, que privilegió su regulación como un medio alternativo de resolución pacífica de las controversias internacionales.

Con el objeto de prevenir el recurso a la fuerza en las relaciones entre Estados, las Potencias contratantes acordaron en dicho instrumento, emplear todos sus esfuerzos para asegurar la resolución pacífica de las diferencias entre Estados (art. 1º). En tal sentido, se dispuso que en caso de grave disentimiento o de conflicto, antes de convocar a las armas, las Potencias contratantes recurrirán a los buenos oficios o a la mediación de una o de varias Potencias amigas (art. 2º), admitiéndose asimismo la iniciativa propia por parte de Estados extraños al conflicto (art. 3º).

El papel del mediador –conforme lo califica dicha Convención–, consiste en reconciliar las pretensiones opuestas y en apaciguarlos resentimientos que puedan haber surgido entre los Estados en conflicto, cesando en sus funciones cuando una de las Partes en controversia o el mismo mediador hiciere constar que los medios de conciliación propuestos por éste, no son aceptados. La mediación, ya sea a requerimiento de las Partes en controversia o por iniciativa de las terceros Estados extraños al conflicto, tienen exclusivamente el carácter de consejo y jamás fuerza obligatoria (cfr. arts. 4º, 5º y 6º).

A su turno, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), ha desarrollado una vasta labor tendiente a aplicar y mejorar sustancialmente el empleo de la mediación como alternativa de solución pacífica de conflictos internacionales entre Estados. Prueba de ello resultan las diversas instancias en las que dicho organismo ha intervenido en casos reales, a la luz de lo normado por el Capítulo VI, artículo 33 de la Carta de las Naciones Unidas  y la elaboración de documentos que se incardinan hacia un uso cada vez mayor de esta vía tendiente a evitar o dar fin a los conflictos entre Naciones, máxime en aquellos casos en los que la agresión armada ejerce una amenaza constante  (vgr. el Manual sobre la solución pacífica de controversias entre Estados, de 1992; o el Informe del Secretario General sobre el mejoramiento de la mediación y sus actividades de apoyo – S/2009/189 del 08/04/09; o la Resolución de la Asamblea General AG-65/283 del 22/06/11, sobre el fortalecimiento de la función de la mediación en el arreglo pacífico de controversias, la prevención del conflicto y su solución; o el Informe del Secretario General, sobre el particular – A/66/811 del 25/06/12 y su Anexo (Directrices para una mediación eficaz).

En este contexto se afirma que “La mediación es un proceso por el que un tercero ayuda a dos o más partes, con su consentimiento, a prevenir, gestionar o resolver un conflicto ayudándolos a alcanzar acuerdos mutuamente aceptables. La mediación se basa en la premisa de que, en el entorno adecuado, las partes en conflicto pueden mejorar sus relaciones y avanzar hacia la cooperación. Los resultados de un proceso de mediación pueden tener un alcance limitado, como cuando tratan una cuestión concreta para contener o gestionar un conflicto, o pueden abordar una gran variedad de cuestiones en un acuerdo de paz general” .

Reconocida doctrina sostiene que si la acción de un tercero, además de poner en contacto a dos Estados en una controversia, a fin de que entablen negociaciones diplomáticas con vistas a su arreglo o que suministra de otro modo una ocasión adecuada para las negociaciones, comportase una posición sobre el fondo del conflicto o de persuasión a las partes para que adopten una solución, estaríamos ante la figura de la mediación, para así diferenciarla de los denominados “buenos oficios” .

Cabe destacar que la labor del mediador en un determinado conflicto entre Estados, no puede llevarse a cabo a espaldas o prescindiendo del Derecho Internacional que rige la situación dada, adquiriendo un rol protagónico y esencial la existencia de convenios y convenciones regionales e internacionales, el Derecho Internacional Humanitario, las normas internacionales de Derechos Humanos y las aplicables particularmente a los refugiados, como asimismo el Derecho Penal Internacional, incluido, en su caso, el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. Tal aserto adquiere mayor relevancia, si lo que se pretende es garantizar la igualdad soberana de los Estados y en definitiva, arribar a soluciones justas en las relaciones internacionales.

Un caso testigo lo representa la mediación papal llevada a cabo por Juan Pablo II, con relación al conflicto argentino-chileno, en torno al Canal de Beagle, con la destacada función ejercida por el recordado Cardenal Antonio Samoré. La controversia generada por el laudo arbitral de 1977, hizo estallar la crisis en 1978. El 08 de enero de 1979, a instancias de la iniciativa cursada por el propio Pontífice, se suscribía entre los representantes de ambas naciones el Acta de Montevideo, cuya parte final reza: “… con este Acuerdo, que se inscribe en el espíritu de las normas contenidas en instrumentos internacionales tendientes a preservar la paz ambos Gobiernos se suman a la preocupación de Su Santidad Juan Pablo II y reafirman consecuentemente su voluntad conducente a solucionar por vía de la mediación la cuestión pendiente”. El 29 de noviembre de 1984 fue firmado el Tratado de Paz y Amistad, en la Ciudad del Vaticano, por los ministros de relaciones exteriores Dante Caputo (Argentina) y Jaime del Valle (Chile). El 02 de mayo de 1985, ambos ministros intercambiaron los instrumentos de ratificación, en el Vaticano, ante el Papa Wojtyla.

Tampoco se desatiende el rol preponderante adquirido por  los Derechos Humanos, desde la perspectiva de su internacionalización, produciendo un efecto bisagra entre el  Derecho Internacional Clásico y el Derecho Internacional Contemporáneo, a partir del año 1945. Finalizada la segunda guerra mundial los Derechos Humanos pasaron a integrar las exigencias más elementales de la convivencia en la sociedad internacional, en donde se le reconoce al individuo un matiz de subjetividad internacional para ser considerado sujeto, en el ámbito internacional.

A modo de simple guía informativa, se destacan diferentes instrumentos internacionales tendientes a la protección de aquellos, tales como: la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre; la Declaración Universal de Derechos Humanos; la Convención Americana sobre Derechos Humanos; el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales; el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y su Protocolo Facultativo; la Convención sobre la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio; la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial; la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer; la Convención contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes; la Convención sobre los Derechos del Niño, la Convención sobre la imprescriptibilidad de los crímenes de guerra y de los crímenes de lesa humanidad; la Convención sobre la esclavitud; la Convención suplementaria sobre la abolición de la esclavitud, la trata de esclavos y las instituciones o prácticas análogas a la esclavitud; la Convención Internacional sobre la Represión y el Castigo del Crimen de Apartheid; la Convención Internacional contra el Apartheid en los Deportes; el Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución;  el Convenio sobre pueblos indígenas y tribales en países independientes; la Convención internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares; Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, entre otros.

Con relación a las normas regionales de Derechos Humanos, citamos como las más importantes: el Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales; la Convención Americana sobre Derechos Humanos o Pacto de San José de Costa Rica y la Carta Africana sobre los Derechos Humanos y de los Pueblos (carta de Banjul).

Breve mención amerita efectuar también respecto al Derecho Internacional Humanitario, aplicable a los conflictos armados, en cuanto instrumento del Derecho Internacional, que codifica de manera más precisa las normas vinculantes para la prevención de los desplazamientos. El mismo no aborda la legalidad o ilegalidad de los conflictos armados sino las conductas de los Gobiernos durante los mismos, y establece consideraciones humanitarias en contraposición a las necesidades militares. Entre las infracciones contra el Derecho Internacional Humanitario se incluyen los ataques a los civiles y su maltrato, la destrucción de las propiedades, la violencia sexual y la restricción del acceso a la sanidad y a otros servicios básicos. El Derecho Internacional Humanitario en concreto, como se codificó en las Convenciones de Ginebra de 1949 y en sus Protocolos Adicionales de 1977, contiene importantes disposiciones para prevenir los desplazamientos y proteger a las personas que han sido forzadas a huir.

En cuanto al conflicto israelo-palestino, bien vale recordar haber sido objeto de innumerables resoluciones en el ámbito de la ONU, tanto del Consejo de Seguridad, como de la Asamblea General. Un tratamiento in extenso sobre el particular, excedería el marco de análisis pretendido en esta colaboración, por lo que sólo nos limitaremos a citar las resoluciones que indican el carácter jurídico que dicha organización internacional le concede a cada Estado.

Tal es el caso de la Resolución Nº 69, del 04 de marzo de 1949, por la cual el Consejo de Seguridad recomendó a la A.G. que admitiera al Estado de Israel como Miembro de las Naciones Unidas, lo que se concretó finalmente, el 11 de mayo de aquel año, mediante Resolución Nº 273 (III); y la Resolución Nº 19/67, del 29 de noviembre de 2012, de la misma Asamblea General, que dispuso reafirmar el derecho del pueblo palestino a la libre determinación y a la independencia en su Estado de Palestina, en el territorio palestino ocupado desde 1967 y elevar a la Autoridad Nacional Palestina del status de entidad observadora, al de Estado no miembro observador, tal y como ostenta el Vaticano. La votación fue de 138 votos a favor y 9 en contra, con 41 abstenciones.

Dos datos relevantes vinculados al proceso de paz mencionado, tienen que ver, por un lado, con el estancamiento y virtual fracaso de las negociaciones impulsadas por los EE.UU., cuya dirección recayera en el Secretario de Estado estadounidense, John Kerry, con la participación especial del mediador Martin Indyk; en tanto que por otro, con la aproximación de la fecha en la cual operará el fin del mandato del presidente de Israel, Shimon Peres.

V. Una mirada esperanzada frente al conflicto.

Ante esta realidad, cobra mayor dimensión la puesta en marcha de un nuevo canal de diálogo, propiciado por el Papa Francisco, tendiente a retomar las negociaciones, incluyendo algunas claves para lograrlo :

-           Redoblar los esfuerzos y las iniciativas para crear las condiciones de una paz estable, basada en la justicia.

-           Garantizar el reconocimiento de los derechos de cada uno y en recíproca seguridad.

-           Colocar la generosidad y creatividad al servicio del bien, el valor de la paz, que se apoya en el reconocimiento, por parte de todos, del derecho de dos Estados a existir y a disfrutar de paz y seguridad dentro de unos confines reconocidos internacionalmente.

-           Evitar iniciativas y actos que contradigan la voluntad expresa de llegar a un verdadero acuerdo y que no se deje de perseguir la paz con determinación y coherencia.

-           Encaminarse con resolución hacia ella, mediante la renuncia de cada uno a algo.

-           Dimensionar el valor que es necesario adquirir para conseguir la paz, el cual, es mucho mayor que el requerido para hacer la guerra: “Se necesita valor para decir sí al encuentro y no al enfrentamiento; sí al diálogo y no a la violencia; sí a la negociación y no a la hostilidad; sí al respeto de los pactos y no a las provocaciones; sí a la sinceridad y no a la doblez. Para todo esto se necesita valor, una gran fuerza de ánimo” .

La irrupción del Sumo Pontífice en el escenario de un conflicto doloroso y largamente reeditado entre israelíes y palestinos, sorprende al mundo. Su proceder además, aparece sustancialmente diferente al de los que le precedieron en sus ponderables intentos por arribar a una paz duradera, equiparándose en cambio, a aquellas personalidades que han dejado a la humanidad un legado de inconmensurable valor, a partir de las transformaciones producidas, aún cuando la adversidad hacía inimaginable la conquista de los ideales perseguidos.

Cabe pensar en la obra de Abraham Lincoln, Mahatma Gandhi, Alcide De Gasperi, Robert Schuman, Jean Monnet, Konrad Adenauer, Madre Teresa de Calcuta, Nelson Mandela, Karol Wojtyla, Martin Luther King, entre tantos otros.

Francisco, no desconoce las conquistas logradas desde el Derecho Internacional, en particular desde el Derecho Internacional de los Derechos Humanos y del Derecho Internacional Humanitario; muy por el contrario, se ha apoyado en los principios que de ellos dimanan, a veces en forma expresa y otras tácitas. Pero va más allá, mucho más.

De modo sutil pero enérgico, pone al desnudo aquella descarnada realidad que cuenta ya a cientos de miles de muertos, mutilados, lisiados, refugiados y abandonados a su suerte (soldados y fundamentalmente civiles, entre ellos niños, mujeres, ancianos y jóvenes inocentes), que avergüenza sin medida y que no cesa, porque la sinrazón ha impuesto que la causa de cada quien vale más que esas vidas, más que cada uno de sus sueños.

Lo dicho, advierte que sumar otra muerte, añadir otra mutilación, contabilizar otro niño huérfano, no se justificará con intentar haber hecho lo posible para evitarlo; hay que hacer lo imposible y más, mucho más.

El Papa no se limita a reconocer la inmensa frustración que significa el conflicto entre estos pueblos y lo complejo que será encontrar una solución pacífica y duradera. No se detiene en la obviedad. Tampoco colma su anhelo por hallar el camino hacia la paz, desde los instrumentos que aún el Derecho Internacional ha probado con eficacia. Va más allá, mucho más.

Penetra en el corazón de los hombres, allí donde sólo Dios y la conciencia de cada uno pueden encontrarse. Convoca a las partes en pugna a iniciar el “feliz éxodo hacia la paz”, propicia el diálogo apelando a la fe que cada uno profesa, para juntos orar, con la certeza de que “la paz basada en la seguridad y la mutua confianza será el marco de referencia estable para afrontar y resolver los demás problemas y una ocasión para un desarrollo equilibrado, que sirva de modelo para otras áreas en crisis” .

Trasciende la vida presente y rescata del olvido a quienes perecieron ayer y a los que vieron truncada su oportunidad de ser, señalando que “el mundo es un legado que hemos recibido de nuestros antepasados, pero también un préstamo de nuestros hijos: hijos que están cansados y agotados por los conflictos y con ganas de llegar a los albores de la paz; hijos que nos piden derribar los muros de la enemistad y tomar el camino del diálogo y de la paz, para que triunfen el amor y la amistad. Muchos, demasiados de estos hijos han caído víctimas inocentes de la guerra y de la violencia, plantas arrancadas en plena floración. Es deber nuestro lograr que su sacrificio no sea en vano. Que su memoria nos infunda el valor de la paz, la fuerza de perseverar en el diálogo a toda costa, la paciencia para tejer día tras día el entramado  cada vez más robusto de una convivencia respetuosa y pacífica, para gloria de Dios y el bien de todos” .

Implora a Dios, en nombre de todos, suplicando que les infunda “el valor de llevar a cabo gestos concretos para construir la paz. …, la fuerza para ser cada día artesanos de la paz; …la capacidad de mirar con benevolencia a todos los hermanos que encontramos en nuestro camino; … la disponibilidad para escuchar el clamor de nuestros ciudadanos que nos piden transformar nuestras armas en instrumentos de paz, nuestros temores en confianza y nuestras tensiones en perdón; …  la llama de la esperanza para tomar con paciente perseverancia opciones de diálogo y reconciliación ….” .

Su voz repercute en el corazón de los hombres, mas no desde un mesianismo fatuo. Su proclama no deja cabida a ningún tipo de fundamentalismo. Su prédica, lejos está de poder considerarse alejada de la realidad. Muy por el contrario y desafiando aquellas voces que desde un escepticismo receloso expresan que “la oración no es sustituta de la seguridad”, promueve un sinceramiento despojado de odios ancestrales, abriendo el camino hacia la construcción de un diálogo fecundo, transitado con responsabilidad, renunciamiento, garantizando el reconocimiento de los derechos de cada uno y en recíproca seguridad.

Su mensaje, en suma, se identifica con el pasaje bíblico que así versa: “Pues siembran vientos, recogerán tempestades” … “Sembrad en justicia, cosechad en misericordia, roturad vuestro campo, pues es tiempo de buscar a Dios” ; lo que, en clave de quien, sin ser cristiano, conmoviera al mundo bregando por la conquista de los ideales, desde la “no violencia”, diera cuño a la frase que reza: “Hemos captado los misterios del átomo y olvidado el Sermón de la Montaña” .

Sí, Francisco va más allá, mucho más; porque logra hacer que en la soledad del alma y en el silencio de nuestra conciencia, retumbe una Voz que nos inquiere:   “¿Dónde estás?” “¿Quién eres?  Ya no te conozco”.  “¿En qué te has convertido? ¿Cómo has sido capaz de … ? ¿Qué te ha hecho caer tan bajo?” “…  ¿Quién te ha corrompido? ¿Quién te ha desfigurado? …

El Papa venido del fin del mundo , “el constructor de puentes de fraternidad y de paz” , el de la “invitación valiente” , no deja espacio para la indiferencia y convoca desde su humildad a hombres y mujeres de buena voluntad, a mantener elevada una plegaria al Todopoderoso, rogando por la paz en Medio Oriente y en el mundo entero.

BIBLIOGRAFÍA Y NOTAS.

  Magíster en Derecho Empresario, Abogado, Co-Director de la Maestría en Derecho Empresario - UCCuyo. Profesor Adjunto de Derecho Internacional Público, Cátedra B, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, Universidad Católica de Cuyo, San Juan, Argentina.

2 Sagrada Biblia, A.T., Génesis 3, 1-24. Nacar-Colunga, B.A.C., Madrid, 1969.

3 Del discurso pronunciado por el Papa, en el Encuentro por la Paz, en los jardines vaticanos, 08/06/14. Librería Editrice Vaticana.

4 Del discurso pronunciado por el Santo Padre, en el Encuentro con las Autoridades Palestinas, Belén, 25/05/14. Librería Editrice Vaticana.

5 Del discurso pronunciado por el Santo Padre, en el Encuentro con las Autoridades Palestinas, Belén, 25/05/14. Librería Editrice Vaticana.

http://www.telam.com.ar/notas/201406/66405-medio-oriente-francisco-papa-enemistad.html

7 Idem, nota 4.

8 Pastor Ridruejo, José Antonio, en Curso de Derecho Internacional Público, 14ª edición, Tecnos, pgs. 259 y sstes. Sobre la libre determinación de los pueblos, puede compulsarse la Carta de Naciones Unidas, art. 1.2 y 55. También, implícitamente contenido en los capítulos XI, XII y XIII de la misma Carta.  De igual modo, en las Resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas Nº 1.514 (XV) y Nº 2.625 (XXV). 

9 Idem, nota 4.

10 Del discurso pronunciado por Su Santidad, en el Aeropuerto Internacional Ben Gurion (Tel Aviv), 25/05/14. Librería Editrice Vaticana.

11 Del discurso pronunciado por Su Santidad, en el Regina Coeli, Belén, 25/05/14. Librería Editrice Vaticana.

12 Del discurso pronunciado por el Santo Padre, en el Aeropuerto Internacional Ben Gurion (Tel Aviv), 25/05/14. Librería Editrice Vaticana.

13 Se corresponde con el artículo 25 de la Carta de la OEA.

14 Cfr. Documento de la ONU, “Directrices de las Naciones Unidas para una mediación eficaz”, Anexo del informe del Secretario General sobre el fortalecimiento de la función de mediación en el arreglo pacífico de controversias, la prevención de conflictos y su solución (A/66/811, 25 de junio de 2012).

15 Pastor Ridruejo, José Antonio, op. cit., pg. 595.

16 Idem nota 4.

17Discurso del Santo Padre, en los jardines vaticanos, 08/06/14. Librería Editrice Vaticana.

18 Idem nota 4.

19 Del discurso del Santo Padre, en los jardines vaticanos, 08/06/14. Librería Editrice Vaticana.

20 Idem nota precedente.

21 Sagrada Biblia, A.T., Oseas, 8, 7. Nacar-Colunga, B.A.C., Madrid, 1969.

22 Sagrada Biblia, A.T., Oseas, 10, 12. Nacar-Colunga, B.A.C., Madrid, 1969.

23 Frase atribuida al Mahatma Gandhi, por Fischer, Louis, en su libro “Gandhi, su vida y mensaje a la humanidad”, Zeta Ediciones, 2008, pg. 185.

24Del discurso de Su Santidad, en ocasión de su visita al Memorial de Yad Vashem, Jerusalén, 26/05/14.

25 Cfr. el mismo Jorge M. Bergoglio dijese de sí mismo, el día de su asunción como Papa Francisco.

26Del discurso del Presidente Shimon Peres, en los jardines vaticanos, 08/06/14. Librería Editrice Vaticana.

27 Del discurso del Presidente Mahmoud Abbas, en los jardines vaticanos, 08/06/14. Librería Editrice Vaticana.

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Sugerimos el siguiente modo de citar, que contiene los datos editoriales necesarios para la atribución de la obra a sus autores y su consulta, tal y como se encontraba en la red en el momento en que fue consultada:

López-Cerviño-José-Luis, GUERRA-Y-PAZ-EN-EL-MENSAJE-DEL-PAPA-FRANCISCO, en García, José Juan (director): Enciclopedia de Bioética, URL:http://enciclopediadebioetica.com/index.php/todas-las-voces/242-guerra-y-paz-en-el-mensaje-del-papa-francisco.

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