LA EXPERIENCIA INTEGRAL. UN MÉTODO PARA EL PERSONALISMO.

INDICE:

  1. Introducción
  2. Momentos del camino
  3. Premisas y Presupuestos del método personalista
  4. La Propuesta metodológica de Karol Woityɫa
  5. El método de la experiencia integral
  6. Conclusión
  7. Bibliografía y Notas

 

1. Introducción

Toda filosofía de entidad tiene –debe tener- unos presupuestos metodológicos propios. Es una cuestión identitaria e insoslayable. La filosofía pretende acceder a lo real, pero ese acceso está mediatizado por la propia comprensión. No se trata solo de que el mundo (y el hombre) sean complejos, sino que la comprensión que el hombre tiene de sí mismo y de lo que le rodea determina a su vez la propia comprensión generando un círculo hermenéutico que no conduce al relativismo, pues el conocimiento –la experiencia- tiene una dimensión objetiva; pero sí excluye, desde el inicio, cualquier visión simplista o ingenua. Y si la filosofía no es otra cosa que la elaboración crítica de esa comprensión, debe ser críticamente consciente de los presupuestos de su propio modo de comprensión. De otro modo, se traicionaría y desacreditaría a sí misma.

Por estas razones, si una filosofía se presenta como original, si postula un proyecto nuevo de comprensión o interpretación de lo real, debe tener asociada un método igualmente original. Porque método es camino. Pero el camino, en filosofía, es la misma filosofía en cuanto genera un paisaje y un horizonte particulares. Y así, el mundo empirista que surge de los sentidos es diferente del mundo kantiano formado por las estructuras a priori de la mente y del mundo fenomenológico que se presenta en la intuición de las esencias. Los diversos métodos no sólo conducen a mundos diferentes sino que los generan, aunque todos tengan pretensión de verdad. Por tanto, si el personalismo es una filosofía original debe tener también su propio método, su propia manera de entender la inteligencia y su propio modo, correlativo e inseparable, de acceder a su realidad; en definitiva, su propio camino – vía, lugar y horizonte- de hacer filosofía.

 

2. Momentos del camino

La metodología, de todos modos, no es –o no debe ser- el momento primario. En cuanto reflexión sobre el mismo proceso intelectual, su lugar es segundo: primum vivere, deinde filosofare, expresión que se debe aplicar también a la filosofía, algo que el personalismo ha hecho. Ha creado, primero, su infraestructura filosófica; se ha dotado de temas y contenidos viviendo como filosofía, filosofando, sin un particular interés por la metodología, cuestión secundaria supeditada al foco primordial: la investigación de la persona. Pero, una vez que esa estructura ha emergido con suficiente fuerza, una vez que la imagen personalista de la persona se ha revelado con la necesaria nitidez, la cuestión metodológica puede –y quizás deba- pasar ya a un primer plano, porque ese progreso filosófico remite a explicaciones de fondo a los que la investigación filosófica intencional no puede responder. ¿Cuáles son los presupuestos de la investigación? ¿Cómo se accede a esos conocimientos? ¿Se diferencia el análisis personalista de otro tipo de análisis? Y, si esto es así, ¿en qué consisten esas diferencias?

Que estas preguntas queden sin respuestas no afecta directamente a las propuestas antropológicas del personalismo. De hecho, ya están dadas; existen independientemente de la cuestión metodológica. Pero la falta de respuestas las debilita, pues arroja dudas sobre su consistencia y su solidez. Quien no puede dar razón de sí mismo, es presa fácil de los problemas y de las críticas, y su capacidad de progreso está seriamente limitada.

 

3. Premisas y Presupuestos del método personalista

Quien esto escribe está convencido de la potencia intelectual del personalismo y, por ello, se ha aventurado a intentar responder a estas complejas cuestiones partiendo de dos premisas. La primera es que, en la práctica filosófica personalista, existe un procedimiento metodológico bastante similar en todos los autores personalistas, desde Buber a Mounier, de Marcel a Scheler, o de Guardini a Wojtyła; un procedimiento que consiste en un análisis detallado y respetuoso de lo que se vive o experimenta, muy atento a la subjetividad personal, alejado de actitudes abstractas o racionalistas, realista y plenamente consciente de que no conoce una inteligencia abstracta e impersonal, y ni siquiera una inteligencia contextualizada, sino una persona concreta, específica e irrepetible, un quién, como afirma, por ejemplo, Romano Guardini, aunque podríamos encontrar una cita similar en cualquier gran personalista: “La facultad cognoscitiva, señala Guardini, no es un ingenio mecánico, sino una potencia viva. Conocer no es equivalente a lo que ocurre cuando se carga una máquina fotográfica, que fotografía mecánica­mente todo lo que se pone delante de la lente. Esto sucede con el pen­samiento abstracto, con el pensar en general, del sujeto general, diri­gido a un objeto general. Pero todo esto en realidad no existe; es un esquema vacío. Lo que existe es el pensamiento concreto de este hom­bre viviente dirigido a esta cosa precisa. Y esto es un acto concreto, vivo, que puede realizarse bien o mal y depende de presupuestos muy precisos el que se realice correctamente.” [1]

En definitiva, la acción de conocer procede de la persona, implica a toda la persona y remite a ella como fuente y como resultado del proceso cognoscitivo. Y los elementos que configuran esa comprensión no son separables pues se dan en una unidad viva y existencial. Son, eso sí, distinguibles, analizables, un rasgo sumamente importante, pero no tanto como la reivindicación del carácter personal unitario de la acción cognoscitiva.

Ahora bien, establecido este hecho, hay que preguntarse: ¿Es posible deducir de aquí una metodología fuerte, o se trata simplemente de una actitud intelectual que cada filósofo personalista podría desarrollar a su manera sin que cupiera hablar de un método en sentido propio? Resolver esta cuestión es asunto tan interesante como complejo. Por un lado, la relativa diversidad que caracteriza al personalismo remite a unos fundamentos filosóficos no siempre comunes, lo cual problematiza la formulación técnica de una posible vía metodológica, en particular, si tiene pretensiones unitarias. Además, los personalistas, han tendido a desentenderse de las cuestiones metodológicas centrándose en el punto que les resultaba más precioso, la comprensión de la persona, no la determinación del método que hacía viable, según el modo personalista, esa comprensión.

Afortunadamente se pueden encontrar excepciones como la de Guardini, con su método de los opuestos que, de todos modos, apunta sobre todo a una interpretación de la estructura de la realidad más que a una reflexión propiamente epistemológica; o la de Zubiri, con su poderoso tratado de la Inteligencia sentiente[2]

 

4. La Propuesta metodológica de Karol Woityɫa

Pero, a nuestro juicio, la más interesante la encontramos en Karol Wojtyła quien, al comienzo de su obra maestra, Persona y acción, ha hecho una importante propuesta metodológica. En efecto, toda la Introducción de este libro, relativamente larga y densa, es una reflexión metaantropológica que encuadra, determina y contextualiza la investigación posterior. Hay que notar, ante todo, que no es nada común iniciar un texto de antropología con amplias reflexiones metodológicas, y, de hecho, es bastante improbable que nos topemos con esta situación en otros ensayos antropológicos de personalistas. ¿Por qué sucede esto en Wojtyła? Porque pretendía llevar a cabo un proyecto muy ambicioso: nada más y nada menos que un intento de unificación de la filosofía del ser y de la conciencia. Y esa meta era sin duda inalcanzable si no se partía de unos presupuestos epistemológicos novedosos en los que esa unificación estuviera ya presente.

He leído y releído muchas veces esa Introducción. Y cada vez que lo he hecho se ha arraigado más profundamente en mí la convicción de que allí se encontraban los mimbres esenciales para elaborar el método fuerte que el personalismo requiere en el siglo XXI. Wojtyła se mueve entre los campos de la fenomenología y el tomismo, pero ha sido capaz de proponer, a partir de una original concepción de la experiencia –objetiva y subjetiva a la vez-, un peculiar modo de acceso a la realidad, que se despliega, profundiza y articula a través de los procesos de inducción y reducción, y que le ha permitido elaborar, a partir del análisis de “la persona que actúa”, una antropología ontológica permeada de subjetividad, es decir, una antropología personalista. En otros términos, Wojtyla no solo ha propuesto una metodología específicamente personalista, sino que la ha empleado en su propia investigación con magníficos resultados.

Ahora bien, esta brillante propuesta presenta un notable problema: su concisión. Wojtyla ha diseñado un núcleo metodológico original, pero, por la brevedad de su exposición, ha dejado multitud de cuestiones decisivas por resolver: cómo se relaciona su concepción de la inducción con la aristotélica o la empirista; cuál es el papel de la abstracción si es que tiene alguno; cuáles son los puntos de separación y de cercanía de su propuesta con el método fenomenológico y con la gnoseología tomista; cómo se conecta la experiencia y el saber filosófico; qué peculiaridades tiene el acceso filosófico personalista a la realidad; cuál es el alcance ontológico o metafísico de su método si es que lo tiene, etc. Como se ve, son todas cuestiones de tal entidad que, si no se resuelven y explicitan, la potencia de esta propuesta queda automáticamente menoscabada en cuanto que resulta muy difícil integrarla o compararla de una manera sustantiva con otras metodologías mucho más consolidadas.

Esta dificultad es tan notable que puede quizá explicar por qué esta propuesta ha pasado tan en sordina por el panorama filosófico contemporáneo, pero sea de ello como fuere, el caso es que tenemos la firme convicción de que, partiendo de los conceptos básicos que Wojtyla diseñó en Persona y acción, cabe construir una metodología personalista fuerte, la metodología de la experiencia integral. Y ese es el intento que hemos procurado realizar en esta obra.

Algunas observaciones importantes antes de comenzar a exponerlo. En primer lugar la denominación de “método de la experiencia integral” es nuestra. Wojtyla presenta una metodología original, pero no le da ningún nombre específico. Pero los nombres son necesarios para identificar lo existente, de ahí que haya que darle uno. Siendo la experiencia la clave de bóveda de esta propuesta, la opción más directa era optar por el “método de la experiencia”, pero esta denominación resultaba, sin duda, demasiado ambigua ya que el concepto de experiencia, como todos los grandes conceptos filosóficos, es enormemente polisémico. También los empiristas, por ejemplo, apelan a la experiencia como fuente de conocimiento; pero la experiencia empirista y la experiencia wojtyliana son muy diferentes. Por eso hemos añadido el adjetivo “integral”, para mostrar, desde el inicio, que este método usa una determinada concepción de la experiencia que, por otra parte, como se verá, hace honor a su nombre.

Nuestra segunda observación es que este método, tal como lo hemos diseñado, incluye muchos elementos no presentes en la propuesta wojtyliana por lo que nos parece interesante marcar tanto la continuidad como la distinción: el método de la experiencia integral es un método basado en intuiciones wojtylianas pero con amplios desarrollos no elaborados por él.

 

5. El método de la experiencia integral

Por último, nos interesa señalar que, si bien esta propuesta metodológica, a nuestro juicio, es válida para el personalismo en general, se enmarca específicamente dentro de la propuesta del personalismo ontológico moderno (el POM) que estoy elaborando desde algún tiempo a partir de la antropología de Karol Wojtyla y la teoría del personalismo del autor de estas páginas, y que consiste en un personalismo basado en una fusión original de fenomenología y tomismo, en la que la fenomenología aporta la perspectiva moderna y el tomismo la ontológica. Remarco de intento el término de fusión porque debe quedar muy claro que no se trata de una mera superposición irenista de dos teorías filosóficas diversas, sino de una propuesta filosófica integralmente personalista, pensada, por tanto, desde la persona y elaborada mediante categorías personalistas. El método de la experiencia integral es un buen ejemplo de esta configuración del POM porque como se verá a continuación, asume elementos de la fenomenología y del tomismo, pero no se identifica con ninguno de ellos, ya que sus presupuestos estructurales son distintos y autónomos. Es una teoría a se, aunque, como en cualquier teoría, se puede establecer su genealogía intelectual. El método de la experiencia integral, se presenta, en definitiva, como el método filosófico del POM, lo que implica un rasgo específico: su asociación intrínseca con los presupuestos del POM; y un rasgo general: es un método personalista.

En el capítulo II realizamos una presentación preliminar del método a través de la exposición detallada de la metodología expuesta por Wojtyla en Persona y acción. Son páginas que permiten captar tanto la brillantez de la propuesta wojtyliana como sus límites expositivos y de tratamiento.

En el capítulo III llevamos a cabo una primera ampliación y contrastación de la propuesta original de Wojtyla al compararla con detalle con el método fenomenológico, tanto en la versión original husserliana, como en la de la fenomenología realista representada principalmente por Seifert, lo que nos permite llegar a la conclusión de que se trata de un método diferente del fenomenológico.

En el capítulo IV seguimos trabajando en esa ampliación al compararla esta vez con la gnoseología tomista lo que implica, entre otras cosas, abordar en profundidad el problema de la abstracción y de la inducción, así como una toma de posición sobre su alcance ontológico que, a su vez, supone una toma de posición sobre la metafísica. También aquí se alcanza la conclusión de que no estamos ante una epistemología tomista, por lo que la originalidad de este método queda ya totalmente confirmada.

El capítulo V aborda un nivel metodológico ausente en Persona y acción, el filosófico, entendido como una continuación crítica de la experiencia, y enmarcado y definido gracias a un amplio conjunto de propuestas que hemos ido elaborando a lo largo de los años en este nivel metaempírico: las categorías personalistas, el lastre griego, el modo de relación entre ciencias filosóficas, etc. Para finalizar, y dada la complejidad de este texto, nos ha parecido oportuno ofrecer en las conclusiones una síntesis de las ideas presentadas. Es también esa complejidad (al menos, la de algunos pasajes) la que nos anima a sugerir al lector dos itinerarios de lectura, según su nivel de formación filosófica. Para aquel que simplemente desee una ilustración general acerca de los rasgos principales de un posible método personalista, le puede resultar suficiente con los capítulos 2, y 5, más la introducción y las conclusiones. Pero la comprensión profunda del método de la experiencia integral solo puede alcanzarse a través de una lectura detallada y completa.

 

6. Conclusión

Somos conscientes, por último, de que la autoría intelectual de este texto, es, en cierto sentido, difícil de definir ya que, si bien las intuiciones más decisivas son de Wojtyla, su elevación a metodología original, buena parte del desarrollo estructural así como la configuración del nivel filosófico son nuestras. Quede este punto a juicio del lector si le parece importante. Por lo que a nosotros respecta, nuestro objetivo ha sido claro: elaborar un método personalista lo más completo y sólido posible a partir de las intuiciones fundacionales de Karol Wojtyla. Este es el tema de este libro.

 

 

Notas  y  Bibliografía

[1] R. Guardini, Persona e libertà. Saggi di fondazione della teoria pedagogica, La Scuola, Brescia 1987, p. 95.
[2] También hay reflexiones interesantes en Marcel y Nédoncelle.

Sugerimos el siguiente modo de citar, que contiene los datos editoriales necesarios para la atribución de la obra a sus autores y su consulta, tal y como se encontraba en la red en el momento en que fue consultada: en García, José Juan (director): LA EXPERIENCIA INTEGRAL. UN MÉTODO PARA EL PERSONALISMO Enciclopedia de Bioética, URL:http://enciclopediadebioetica.com/index.php/todas-las-voces/276-la-experiencia-integral-un-metodo-para-el-personalismo

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