1. Introducción
2. Cuarto período conciliar
3. Acerca de la finalidad del matrimonio cristiano
4. Matrimonio y amor
5. Conclusión

 

 

1. Introducción

La realización del Concilio Vaticano II -1962 a 1965- ha sido como un nuevo Pentecostés para la Iglesia. Los vientos del Espíritu Santo han soplado a favor de una renovación auténtica, que se enraíza en el Evangelio mismo. Tuve la oportunidad de participar en las sesiones del Concilio Vaticano II, como lo he manifestado en mi libro Una presencia en el Concilio. Crónicas y apuntes del Concilio Vaticano II, Editorial Ágape, Buenos Aires, 2009. Allí fui designado como Perito consultor. De esos días, traigo memoria agradecida de las discusiones diarias, que fueron dando forma a la riqueza de su contenido.

 

He aquí, en esta publicación, una breve síntesis de lo que sucedió durante el Concilio en la ciudad de Roma, acerca de la exquisita doctrina sobre el Matrimonio y la Familia que quedó patente en la Constitución pastoral Gaudium et Spes. Los textos puede encontrarlos el atento lector entre los números 47 al 52 de dicha Constitución Pastoral. No hay discurso significativo en el Magisterio de Juan Pablo II y de Benedicto XVI que no haga referencia de algún modo a estos ricos textos conciliares. Por ello expongo de inmediato cómo fueron naciendo y redactándose dichos textos. Fui testigo ocular de ello y de algún modo he aquí el origen de la redacción de sus líneas. Objetivo entonces de esta voz de la enciclopedia es mostrar cómo los Padres Conciliares elaboraron la rica doctrina.

 

2. Cuarto período conciliar (del 4 de Septiembre al 8 de Diciembre de 1965)

El Papa inaugura el cuarto período en una sesión pública, con una alocución. El Papa quiere desde el principio animar los Padres conciliares a proseguir en el trabajo comenzando hace ya tres años, con la consiguiente interrupción del servicio cotidiano en los respectivos lugares. Para eso manifiesta el gran beneficio que el Concilio representa para la Iglesia y para el mundo, y el sentimiento de gratitud y de gozo que de él y de su realización se desprenden. Luego presenta el Concilio y sus labores como un gran triple acto de amor, hacia Dios mismo, hacia la Iglesia y hacia el género humano. Hay que decir que nada podría motivar mejor la intensa tarea conciliar, la ya hecha y la que pueda por hacer que esta inserción en el primer deber del cristiano, conforme al primero y segundo mandamiento. El Concilio mismo es un acto de amor al ocuparse ante todo de la verdad y del culto de Dios, al reafirmar los lazos de unión entre todos los participantes directos, entre ellos y el Pueblo mismo de Díos, con los demás hermanos cristianos y con el mundo, incluidos aquellos en el mundo que oprimen y persiguen a la Iglesia, impidiendo también que algunos de los miembros del Concilio debidamente convocados pudieran en él participar. Aquí un ferviente auspicio de paz. Con esto va el anuncio de la invitación por él recibida y aceptada de estar presente en la asamblea general de las Naciones Unidas, reunidas en New York en el vigésimo aniversario de su creación y de dirigirse a ella. El otro anuncio, ya insinuado en la alocución conclusiva de la Tercera sesión, es la inmediata creación, conforme al deseo y pedido del mismo Concilio, del Sínodo de los obispos, que el Papa convocará, según las necesidades de la Iglesia, para disponer del consejo y cooperación de los mismos obispos en la solución de los problemas comunes con gran beneficio del gobierno central de la Iglesia. El Papa expresamente prescinde de todo comentario sobre los numerosos e importantes textos ahora a estudio; sin duda por respeto a la libertad de los Padres conciliares.

El cuarto período conciliar comienza así con este valioso y positivo acto de Pablo VI.

 

3. Acerca de la finalidad del matrimonio cristiano

(138ª Congregación general, 29 de septiembre, Moderador Suenens)

Mons. Franz Hengsbach lee la la relación sobre la Segunda Parte de “Iglesia y mundo”. La discusión comienza por el capítulo 1 La dignidad del matrimonio y la familia. El cardenal Ruffini: la naturaleza del matrimonio debiera ser el punto de partida de este debate; expuesta en el texto de manera incompleta e incorrecta; los fines del matrimonio no corresponden a lo que ya ha sido enseñado por los Papas y otros documentos de la Santa Sede; hay una teoría de los fines que es católica, y admite que el fin primario del matrimonio puede ser al amor siempre que sea puro. La teoría aludida es expuesta en la Congregación siguiente por el cardenal Browne, Maestro general OP, quien expresa su perplejidad cuando se da al amor el lugar de fin del matrimonio: el fin primario es la procreación; los fines secundarios son: la mutua ayuda (o colaboración en la vida cotidiana y aquí entra el amor , el mutuo respeto y el ayudarse en todo) y el freno puesto a la concupiscencia (la fórmula clásica es “remedio” a la inclinación sexual desordenada). Esta intervención podría inspirarse en el Decreto del Santo Oficio del 1/4/1944 de la cual traduzco la parte esencial: “Pregunta: ¿se puede admitir la opinión de algunos (autores) recientes quienes o bien niegan que el fin primario del matrimonio sea la generación y educación de los hijos, o enseñan que los fines secundarios no están esencialmente subordinados al fin primario sino que son igualmente principales e independientes? Respuesta: negativa”. El mismo texto comienza con esta afirmación: “Se puede con todo decir, si el matrimonio es considerado de manera más amplia, que el mutuo amor de los cónyuges es la causa y motivo del mismo” y se cita Pío XI enc. Casti connubii, que a su vez refiere el Catecismo romano (II c. 8 cuest. 13). El texto definitivo del esquema en el nº 50 tercer párrafo dice: “Matrimonium vero, non est tantum ad procreationem institutum” (el matrimonio no ha sido instituido solamente en orden a la procreación”. En esta frase y su contexto con las numerosas alusiones al amor matrimonial, se puede ver el resultado de la larga discusión resumida en el texto con las diversas posiciones.

 

Se requiere del Concilio también, una fuerte condena no sólo del aborto (que está) sino también del divorcio y los métodos anticoncepcionales (aunque es posible admitir el método Ogino-Knaus); teme que se abra la puerta a la inmoralidad; hacer mención de la virginidad y de su valor propio (aquí el moderador lo invita a concluir). El cardenal Suenens: dos propuestas: una de orden científico: el Concilio declare que los estudios sobre la vida sexual y matrimonial prosigan y sean profundizados; no se ocupen tan sólo de las leyes físicas sino también psicológicas, y en general de la vida conyugal en cuanto tal; lo realizado hasta ahora no basta: las universidades promuevan esos estudios; los católicos dedicados a ellos dedicados no se sienten apoyados; la otra propuesta: posible renovación de las promesas matrimoniales con una cierta regularidad quizás anual, como se hace con las promesas bautismales (en la vigilia pascual) y los votos religiosos; fecha apropiada: la Sagrada Familia (el domingo después de Navidad); observaciones particulares: la Comisión responsable de este capítulo no debe ocuparse de la limitación de nacimientos reservada a la Comisión pontificia (mencionada en su momento) sino de problemas pastorales como los matrimonios prematuros; se debería apelar a las autoridades civiles por la creciente ola de inmoralidad; introdúzcase en el texto un breve párrafo sobre la oración en familia. Mons. Carlo Colombo, auxiliar de Milán, en nombre de cincuenta y dos obispos italianos: tres observaciones: primera: el esquema expone una doctrina sólida y bien fundada y la teoría de los fines del matrimonio que se presenta responde a una concepción personalista, en relación con el amor sobre el cual se debe fundar el ejercicio de la paternidad responsable; segunda: el esquema se limita a insinuar otros aspectos que convendría explicitar: los actos conyugales no sólo pueden sino deben expresar la mutua donación, la transmisión de la vida es regla de moralidad junto con las exigencias del amor verdadero y ambos principios deben ser expuestos en el texto; tercera: si la integridad física del acto conyugal no es la única ley resuelve el Magisterio; si no se lo afirma ahora explícitamente se puede crear la duda de que hay ya en esto un cambio; la integridad física es siempre un elemento intrínseco de la expresión del amor; a la condena del aborto asociar la de otros crímenes contra el matrimonio. Mons. Paul Taguchi Yoshigoro, obispo de Osaka: la determinación del número de hijos: evitar toda apariencia de naturalismo al usar el verbo “determinare” que podría sugerir falta de confianza en la Providencia: no juzgar del número de hijos de manera demasiado humana; la solución del problema demográfico pide cooperación internacional. Mons. Casimiro Majdanski, obispo titular[1] en Wroclaw-Breslau, en nombre de los obispos de Polonia: el número de abortos supera el de los muertos en las dos últimas guerras: enérgica condena, si es preciso con declaración especial aparte.

 

Se comunica el resultado de las votaciones sobre De pastorali episcoporum munere párrafo por párrafo; son todas ellas muy positivas; igualmente, la votación general, sobre el capítulo 1: votantes 2014: 1999 sí, 15 no.

 

4. Matrimonio y amor

(139ª Congregación general, 30 de septiembre, Moderador Suenens)

Se distribuye el texto del esquema enmendado sobre las Religiones no cristianas que será votado el próximo miércoles 6 de octubre.

Se discute siempre de “matrimonio et familia” (capítulo 1 de la segunda parte de Iglesia y mundo).

El cardenal William Conway, arzobispo de Armagh (Irlanda del Norte): “placet quoad substantiam”: resumen hermoso y completo; añadir algo sobre los beneficios traídos a la civilización por el matrimonio cristiano: sexualidad ennoblecida, valor de la persona, sobre todo de la mujer (ahora “reina del hogar”); problema de la fecundidad: el texto no refleja fielmente la mente de la comisión conciliar correspondiente: al hablar de los medios para determinar el juicio acerca del número de hijos agregar “mediis tamen honestis” (con medios honestos) para evitar toda ambigüedad: el silencio en este tema es peligroso; alusión al tema del capítulo 2 sobre la cultura: se examine de nuevo la cuestión del título del esquema: quizás “Epístola pastoral” o “Epístola sinodal”. Mons. Frantisek Tomasek, administrador apostólico de Praga, con cuarenta obispos de Europa y América Latina: la pobreza que crea dificultades a la vida matrimonial: tres hijos son ya un problema; buscar alguna solución a la cuestión de la pobreza mundial: programa internacional de Naciones Unidas o de otras instituciones. Mons. Remy de Roo, obispo de Victoria (Canadá), habla en nombre de laicos casados y de tres peritos: a la cuestión acerca de los hijos todo el pueblo debe responder en virtud del “sensus fidelium”; el Concilio reconozca la dignidad y propios dones de la vocación matrimonial, exhorte a los casados a seguirla; no preocuparse demasiado de lo negativo; los laicos casados afirman: no se puede hablar del matrimonio sin decir que la unión carnal es sublimada por la comunión entre las personas; superar el dualismo al hablar de la procreación; los actos conyugales requieren un contexto: la comunidad en en el amor; sentido religioso: vocación a la perfección en el matrimonio en obediencia al Verbo de Dios; necesaria proyección externa: al mencionar el amor en el texto se hace un servicio al mundo. Mons. Joseph Reuss, auxiliar de Mainz: bien el texto; afirma el valor del amor conyugal en la procreación; no invade el campo de la comisión pontificia;[2] a propósito de ésta quiere decir: si el Papa la creó es porque juzga que la cuestión de la licitud de los medios para limitar la fecundación no está todavía del todo resuelta y requiere mayor estudio en el sentido de la intervención del cardenal Suenens (en la Congregación general precedente); tampoco el texto actual la puede dar por resuelta; la introducción en el texto de los dos bienes en el matrimonio, amor y procreación, viene de los Padres conciliares; el amor es fin del matrimonio en cuanto conduce a una comunión personal; es la razón para contraer matrimonio y una virtud, domina toda la vida conyugal (y no solamente la unión sexual); de la dignidad de las personas unidas en matrimonio procede la dignidad del acto conyugal que no es puro “instrumentum procreationis” (recurso para procrear); tiene sentido aunque ésta no se siga; falta en la redacción la mención de la responsabilidad (presente en el esquema anterior) y se nombra solamente la conciencia: la responsabilidad implica la generosidad también ante Dios.

 

Las votaciones sobre el esquema De pastorali episcoporum munere continúan con éxito siempre sumamente positivo, comprendido el n. 17 del esquema. Luego se suspenden hasta nuevo aviso.[3]

 

5. Conclusión

De las crónicas y apuntes que meticulosamente dejé constancia en mis escritos, brotan estas páginas. Los aportes para la redacción de la gran obra que significa Gaudium et Spes, vinieron de todas las latitudes y experiencias pastorales. Cada uno dio lo mejor de sí y he ahí el resultado. El gran evento del Concilio Vaticano II ha sido acto supremo del Magisterio del santo Padre y los obispos reunidos, como reza la vieja fórmula, “en el Espíritu Santo”. La doctrina acerca del matrimonio y la familia ha quedado muy enriquecida en estas páginas conciliares, dando un renovado impulso a los estudios sobre el particular y a la misma tarea pastoral.

 

 

 

NOTAS

1 La situación de Mons. Majdanski es simétrica a la de Mons. Kominek (cf. n. 215)

2 La comisión será mencionada en la nota 14 del cap. 1 de la segunda parte del texto definitivo de la Constitución pastoral.

3 La razón de esta suspensión momentánea habría sido la serie de enmiendas o modificaciones (14) que de parte del Papa llegaron a la comisión responsable. Después del voto de la misma comisión, que no era favorable a las enmiendas; consultado el Papa, habría comunicado que no era su intención imponerlas. Las votaciones continuaron en seguida.

 

BIBLIOGRAFÍA

Se remite a las notas del texto clave de esta voz: Mejía, J. M., Una presencia en el Concilio. Crónicas y apuntes del Concilio Vaticano II, Editorial Ágape, Buenos Aires, 2009


¿Cómo citar esta voz?

Sugerimos el siguiente modo de citar, que contiene los datos editoriales necesarios para la atribución de la obra a sus autores y su consulta, tal y como se encontraba en la red en el momento en que fue consultada:

Mejía, Jorge María, MATRIMONIO Y FAMILIA EN GAUDIUM ET SPES, en García, José Juan (director): Enciclopedia de Bioética, URL: http://enciclopediadebioetica.com/index.php/todas-las-voces/139-matrimonio-y-familia-en-gaudium-et-spes

 

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