DIGNITAS PERSONAE. CONTEXTO. ESTRUCTURA. MENSAJE

Autor: José Juan García

 

 

ÍNDICE

1. Introducción
2. Un poco de historia
3. Objeto de la Instrucción
4. Estructura de Dignitas Personae
5. Mensaje de Dignitas Personae
6. Conclusión
Notas
Bibliografía

 

 

1. Introducción

El desarrollo de las ciencias biomédicas y las tecnologías aplicadas a la medicina, constituyen sin lugar a dudas uno de los signos de nuestro tiempo. De ahí que es necesario el discernimiento a la luz de la razón natural y la misma palabra revelada, acerca de la bondad de dichos progresos tecnocientíficos. La medida será siempre lo humano en cuanto respetado y salvaguardado.

Por eso en este trabajo queremos presentar la Instrucción Dignitas Personae de la Congregación para la Doctrina de la Fe, fechada el 8 de septiembre de 2008, fiesta del nacimiento de la Virgen María y lo hacemos en estos tres momentos. Primero un poco de “memoria” de las intervenciones magisteriales referidas a los temas del documento. Luego presentamos el objeto de dicha Instrucción, la estructura de Dignitas Personae, el mensaje y cerramos con una conclusión final.

 

2. Un poco de historia

Cuando en 1978 nació Louise Brown, el primer bebé probeta, al mundo se le presentó – a modo de panacea- la gran “solución” al delicado y complejo problema de la infertilidad. Poco se analizaba si había o no manipulación embrionaria, cuántos embriones se depositaban en el útero materno y cuántos quedaban a la vereda del camino, listo para el despojo. La Iglesia, madre y maestra, no tuvo excesiva prisa en pronunciarse al respecto. Presidida por el entonces Cardenal Joseph Ratzinger, la Congregación para la Doctrina de la Fe, conformó un grupo de estudio que dio a la luz la Instrucción “Donum Vitae”, el 22 de febrero de 1987. Dicha Instrucción ofrecía dos criterios fundamentales para el discernimiento moral en merito a las intervenciones sobre el embrión y las formas de fecundación artificial. Uno de ellos es el respeto incondicionado del ser humano desde su concepción y otro, el respeto de la originalidad de la transmisión de la vida humana en los actos propios del matrimonio. Estos principios y las valoraciones éticas, fueron reafirmados en la encíclica Evangelium Vitae del papa Juan Pablo II el 25 de marzo de 1995, conservando intacto el propio valor.

En los últimos 20 años las ciencias biomédicas han hecho notables progresos, desentrañando los secretos de la estructura biológica del hombre y el proceso de su generación. Las nuevas tecnologías abren, por un lado, perspectivas terapéuticas insospechadas, como por ejemplo, las terapias que curan la esterilidad, las técnicas de diagnóstico prenatal o el uso de las células estaminales adultas. Pero por otro lado, se suscitan interrogantes de naturaleza antropológica y moral, como por ejemplo la selección, almacenamiento y destrucción de miles de embriones humanos, a los que no se les reconoce como es debido su dignidad personal, la praxis ya extendida en el mundo del congelamiento de embriones –baste pensar que sólo en Argentina hay clínicas que reportan al menos la existencia de 15.000 embriones congelados[1]- los variados intentos de clonación humana o la investigación sobre las células estaminales tomando como punto de partida los mismo embriones fabricados “ad hoc”.

En el año 2002 la Congregación para la Doctrina de la Fe decidió iniciar un estudio acerca de las nuevas cuestiones de bioética, con el fin de aportar un aggiornamento a la “Donum Vitae”, de 1987. La tarea fue encomendada a la Pontificia Academia para la Vida. Y los trabajos de equipo se iniciaron bajo la competente guía del Presidente emérito, en aquél entonces el obispo Elio Sgreccia – luego creado cardenal por Benedicto XVI- a quien se lo puede llamar “padre de la bioética personalista”.

En el 2005 y 2006, la rica documentación preparada por la Pontificia Academia para la Vida fue puesta bajo las instancias ordinarias de la Congregación para la Doctrina de la Fe, o sea, a la consulta y a la Sesión Ordinaria. Después del estudio se redactó un proyecto de Instrucción, examinado por una Comisión de expertos y de la Consulta, y finalmente, por la Sesión Plenaria de la Congregación, que tuvo lugar  a inicios de 2008. El texto fue puesto una vez más a consideración de la Sesión Ordinaria y aprobado por el papa Benedicto XVI en la Audiencia del 20 de junio de 2008.

 

3. Objeto de la Instrucción

Es objeto de la presente Instrucción Dignitas Personae, quiere “promover la formación de la conciencia” (nº 10) en un ámbito que mira las técnicas biomédicas y las repercusiones que ello trae en la concepción de la vida humana misma. Con esta intervención, el Magisterio “no interviene en el ámbito de la ciencia médica como tal, pero llama a todos los interesados a la responsabilidad ética y social de la propia tarea” (nº 10).

¿A quién se dirige? La Instrucción está dirigida a los fieles y a todos aquellos que buscan la verdad” (nº 3). Bebiendo de la luz de la razón y de la fe, Dignitas Personae desea vivamente contribuir a elaborar “una visión integral del hombre y de su vocación, capaz de aceptar todo lo que de bueno emerge de las obras de los hombres y de las variadas tradiciones culturales y religiosas, que no raramente muestran una gran reverencia por la vida” (nº 3).

Si nos preguntáramos acerca del valor doctrinal del presente documento, hay que decir que se  trata de una “Instrucción de naturaleza doctrinal” (nº 1), que ha emanado de la Congregación para la Doctrina de la Fe y aprobada expresamente por el Santo Padre. Por tanto pertenece a los documentos de la Congregación que “participan del Magisterio Ordinario del Sucesor de Pedro”[2]. Estos documentos han de ser acogidos por parte de los fieles con leal obsequio religioso de sus espíritus[3].

 

4. Estructura de Dignitas Personae

El documento en cuestión comprende tres partes: la primera trata acerca de algunos aspectos antropológicos, teológicos y éticos de fundamental importancia. La segunda parte afronta nuevos problemas que tienen que ver con la procreación. La tercera parte estudia los nuevos problemas terapéuticos que comporta la manipulación del embrión o del patrimonio genético humano (nº 3). Una breve introducción explica la naturaleza y la finalidad del documento, y la conclusión resume el mensaje central del mismo.

El documento inicia con las palabras Dignitas Personae –la dignidad de la persona que se le reconoce a todo ser humano, desde el útero al sepulcro-. Resulta difícil, aun para el no creyente, no hallarse situado en la afirmación del valor único de cada persona humana. Leamos el nº 8: “Por el solo hecho de existir, todo ser humano debe ser respetado. Se debe excluir la introducción de criterios de discriminación, en cuanto a la dignidad, en base al desarrollo biológico, psíquico, cultural o estado de salud”.

Como se puede apreciar, lo que es afirmado aquí es la igual dignidad de todo ser humano, por el solo hecho de haber venido a la vida[4]. Frente a este principio, quedan en segundo lugar la inteligencia, la belleza, la edad, la enfermedad o la raza. Todo hombre vale por sí mismo, y es la “única criatura amada por Dios por sí misma” (GS nº 24). La dignidad de la persona es una perfección constitutiva e intrínseca, es decir, depende de la existencia y características de su ser, no de la posesión o capacidad de ejercicio de esas u otras cualidades. Dicho de otro modo, se es persona o no se es, de manera radical, pero no se puede ser más o menos persona. No es el sano, joven o fuerte que es “más” persona, y el enfermo o anciano o débil “menos” persona. Por tanto, los planteos como el aborto selectivo o la eutanasia, que limitan la condición de personas y la correspondiente dignidad a la posesión efectiva de ciertas cualidades (conciencia de sí, autodeterminación, calidad de vida satisfactoria), son de suyo incorrectos[5].

 

5. Mensaje de Dignitas Personae

“A cada ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural, se le debe reconocer la dignidad de persona” (nº 1) Este principio fundamental expresa el gran “sí” al don de la vida humana, que debe ser puesta al centro de la reflexión ética sobre la investigación biomédica.

El documento desde luego anima toda forma de investigación biomédica que respeta la dignidad de todo ser humano y la dignidad de la procreación. No puede ser de otro modo. La Iglesia mira con esperanza esa investigación y desea que “los resultados de esta investigación se pongan también a disposición de quienes trabajan en las áreas más pobres y azotadas por las enfermedades, para afrontar las necesidades más urgentes y dramáticas desde el punto de vista humanitario” (nº 3).

A la vez, el documento en estudio excluye diversas tecnologías biomédicas como éticamente ilícitas. No lo hace por un “no” a priori a las ciencias y sus progresos veloces. Lo hace porque le da voz a los que no tienen voz, aunque esto hoy en muchos ambientes sea visto como “políticamente incorrecto” Nos dice Dignitas Personae nº 37: “El cumplimiento de este deber implica la valentía de oponerse a todas las prácticas que se traducen en una grave e injusta discriminación de los seres humanos aún no nacidos. Son seres humanos dotados de la dignidad de personas, que han sido creados a imagen de Dios. Detrás de cada ´no´ brilla, en las fatigas del discernimiento entre el bien y el mal, un gran ´sí´, en reconocimiento de la dignidad y de valor inalienable de cada singular e irrepetible ser humano llamado a la existencia”.

Las reacciones al Documento han sido de diverso signo: unos le niegan validez en general, algunos otros reconocen cierta razonabilidad en algunos puntos –así por ejemplo en revistas especializadas en bioética- y hay quienes, comprometidos en la búsqueda apasionada por la verdad, se sienten atraídos por el sublime mensaje de la promoción y defensa de la vida humana. “Lo que esta instrucción quiere hacer es expresar la propia contribución autorizada en la formación de la conciencia no sólo de los creyentes, sino también de cuantos se ponen a la escucha de los argumentos que vienen hilvanados y con ellos entienden confrontarse”[6].

 

6. Conclusión

La Instrucción Dignitas Personae, centrada en torno al tema de la dignidad de la persona humana, creada en Cristo y para Él, significa un nuevo punto firme en la rica temática del Evangelio de la Vida, en plena continuidad y coherencia con “Donum Vitae” y el Magisterio católico contemporáneo. Se presenta muy interesante no sólo desde el punto de vista estrictamente normativo por la claridad de las orientaciones morales, sino también desde el punto de vista metodológico, porque en explícita voluntad de diálogo con el mundo, busca articular, sin indebidas intromisiones en el campo epistemológico, el argumento propio de la razón y el otro de la fe.

Luchar por la cultura de la vida es tarea de todos y no patrimonio exclusivo de nadie. Comenzábamos este trabajo con la palabra discernimiento. Es lo que hemos tratado de reflejar en esta honda preocupación de Dignitas Personae. Y es lo que tenemos por delante ante el panorama biomédico y tecnológico cambiantes. Enseñar a discernir lo justo de lo injusto, lo lícito de lo ilícito, en el campo de la bioética, no es tarea que se confía a las emociones, sino a la totalidad de la persona presidida por su razón iluminada por la fe.

 

 

Notas

[1] Diario Clarín, Bs As., 11-07-2007. En España hay más de 70.000 embriones congelados. Francia y Alemania, al 2002, habían unos 100.000 en cada uno. En EE. UU., unos 400.000. En 1998, se destruyeron bajo el amparo de la Cámara de los Lores, más de 5000 embriones congelado de más de 5 años de reserva. Cfr. GARCÍA, J. J., Filosofía y Vida, Universidad Católica de Cuyo, San Juan, 2009, pág. 25.

[2] Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Donum Veritatis sobre la vocación eclesial del teólogo, 24 de mayo de 1990, nº 18.

[3] Ibidem, nº 37.

[4] “Persona significat id quod est perfectissimum in tota natura”. SANTO TOMÁS DE AQUINO, Suma Teológica, I, q. 29. Me parece atinada la expresión, a modo de comentario, de Juan Manuel Burgos: “en nuestra época, esa perfección tiene un nombre específico: dignidad. La persona es el ser digno por excelencia por encima del cosmos, la materia, las plantas y los animales”. BURGOS, J. M., Antropología: una guía para la existencia, ed. Palabra, Madrid, 20032, pág. 48. Por eso solo la persona humana es digna en sentido pleno y radical. Cfr. SEIFERT, J., “Dignidad humana: dimensiones y fuentes en la persona humana”, en AA. VV., Idea cristiana del hombre, EUNSA, Pamplona, 2002, págs. 17-37.

[5] Cfr. SPAEMANN, R., “¿Es todo ser humano una persona?”, en Persona y Derecho, Vol. 37 (1997) 9-23.

[6] FISICHELLA, R., “Dignitas Personae: un passo in avanti” en Russo, G., ed., Dignitas Personae. Commenti all´Istruzione sulla bioetica, Coop. S. Tommaso – ELLE DI CI, Messina - Torino, 2009, pág. 14. Un trabajo reciente,  de notable valor doctrinal y pedagógico es el realizado por IGLESIAS CORTINA A., -RODAKOFF, D. I., Un Gran Sí a la Vida. Subisidio para agentes de pastoral sobre la Instrucción Dignitas Personae, Ed. Santa María, Bs. As., 2009.

 

Bibliografía

BURGOS, J. M., Antropología: una guía para la existencia, ed. Palabra, Madrid, 20032

Congregación para la Doctrina de la Fe, “Instrucción Donum Veritatis sobre la vocación eclesial del teólogo”, 24 de mayo de 1990.

REQUENA MEANA, P., “Dignidad y autonomía en la bioética norteamericana”, en Cuadernos de Bioética XIX (2008/2) 255-270.

FISICHELLA, R., “Dignitas Personae: un passo in avanti” en Russo, G., ed., Dignitas Personae. Commenti all´Istruzione sulla bioetica, Coop. S. Tommaso – ELLE  DI   CI, Messina - Torino, 2009, págs. 13-16.

IGLESIAS CORTINA A., -RODAKOFF, D. I., Un Gran Sí a la Vida. Subisidio para agentes de pastoral sobre la Instrucción Dignitas Personae, Ed. Santa María, Bs. As., 2009.

SEIFERT, J., “Dignidad humana: dimensiones y fuentes en la persona humana”, en AA. VV., Idea cristiana del hombre, EUNSA, Pamplona, 2002, págs. 17-37.

 

¿Cómo citar esta voz?

Sugerimos el siguiente modo de citar, que contiene los datos editoriales necesarios para la atribución de la obra a sus autores y su consulta, tal y como se encontraba en la red en el momento en que fue consultada:

García, José Juan, DIGNITAS PERSONAE. CONTEXTO. ESTRUCTURA. MENSAJE, en García, José Juan (director): Enciclopedia de Bioética, URL: http://enciclopediadebioetica.com/index.php/todas-las-voces/185-dignitas-personae-contexto-estructura-mensaje

 

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